Realismo alemán.
De Karl Janssen (1855-1927), de 1902.
Es una obra cumbre del Realismo alemán de finales del XIX, principios del XX, alejada ya del neoclasicismo idealizado.
Está tallada en mármol blanco de Carrara, en un solo bloque. Lo que me interesa como escultor es cómo Janssen trabaja la luz del mármol: el pulido es muy suave en la piel y en el pañuelo que le recoge el pelo, y deja un acabado un poco más mate y texturizado en la blusa y la falda para diferenciar los tejidos. Es un recurso muy inteligente.
La figura es una mujer humilde sentada en el suelo, con las piernas recogidas. Lleva ropa de trabajo sencilla. El punto focal son las manos, entrelazadas con fuerza sobre las rodillas, transmiten cansancio, espera y dignidad al mismo tiempo.
El rostro está levemente inclinado, con la mirada perdida, sin buscar al espectador. No hay dramatismo, hay verdad. Para mí es una lección de cómo contar una historia social solo con una postura y con el tratamiento honesto del mármol, sin necesidad de adornos.
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